Monumentos Religiosos
Padrón, burgo de origen medieval, conserva aún el encanto del pasado en todos sus rincones. Las diversas obras religiosas del ayuntamiento dejan constancia de la importancia y grandiosidad de la villa al largo del tiempo:
Convento de S. Antonio de Herbón
Ermita de Santiaguiño del Monte
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El "Pedrón"

El Pedrón es una piedra de la que se asegura sirvió para atar la barca también pétrea que trasladó al Apóstol Santiago ya muerto, desde Palestina hasta las costas gallegas.
Que en realidad el Pedrón sea un ara romana, no quita ni resta valor religioso histórico a este bloque granítico, que se convirtió en todo un símbolo para millones de peregrinos que llegan de manera ininterrumpida hasta Compostela y que luego descienden incluso a esta localidad, puesto que "quien va a Santiago y no va a Padrón, o hace la romería o no".
Otros, al contrario, hacen la hoy denominada Ruta Marítima y, emulando a sus antepasados, desembarcan aquí para continuar camino hacia la tumba del Apóstol.
El ara romana tiene una inscripción, alterada siglos más tarde (se le añadió una cruz y se le cambió el nombre propio que figura en él), que algunos traducen por "La Neptuno los catorienses pusieron de su bolsillo".
El Pedrón se halla debajo del altar mayor de la iglesia de Santiago, levantada justo en el margen izquierdo del río Sar por orden del todopoderoso arzobispo Gelmírez en el año 1133 y, acorde con su tiempo, de estilo románico.
De aquel templo sólo se conserva una piedra, que se distingue al lado de la puerta que da al "Espolón", y en ese bloque granítico está grabada a inscripción "Dominus Eclesia Procurator edificavit in era MCLXXI", que se traduciría al castellano actual por "El señor procurador de la iglesia edificó en la era MCLXXI".
El templo desapareció y se modernizó, ahora en estilo gótico, por orden del obispo Lope de Mendoza. Pervivió incluso estos tiempos un púlpito de piedra y nada más, porque a mediados del siglo XIX fue levantado en el lugar el actual, con una fachada simétrica paradigmática del estilo ecléctico.
Convento del Carmen

El viajero tiene delante de si la Costanilla del Carmen (o Costiña do Carme) que, magníficamente enlosada y sin asfalto por ningún lado, asciende hasta el convento del Carmen.
Ese convento, primero de los Carmelitas Descalzos y luego de los Dominicos, es una buena muestra del neoclásico gallego, convertido en espontáneo mirador sobre la villa.
Se edifica sobre roca viva a comienzos de la centuria XVIII con la inestimable aportación económica de Alonso de la Peña y Montenegro, padronés que llegó a ser rector de la Universidad compostelana, y se halla pegado al monte San Gregorio, en una de cuyas laderas se yergue la ermita de Santiaguiño do Monte.
Convento de S. Antonio de Herbón

El convento de San Antonio es la muestra franciscana por excelencia: allí se instalaron esos monjes y allí siguen; una fuente que representa a uno de ellos en postura de oración indica que fue construida en 1 786, pero la fecha no debe llamar a engaño: los religiosos ya estaban en el lugar en el año 1396.
Todo es sobriedad, silencio, oración y trabajo. Nada deslumbra por sí solo, pero del conjunto emana un halo de misterio, de quietud, de encerrar el enigma que explica que, a pesar de todas las vicisitudes, el recinto ha sido, es y seguirá siendo un centro del que en toda la comarca se habla con profundo respeto.
Es posible que a todo ello contribuya el hecho de que esté metido en una hondonada, y que para llegar a él haya que descender por una empinada y larga rampa primero y por unas escaleras después, hasta detenerse ante la sobria fachada con su torre-campanario.
En el interior del templo, la profusa ornamentación del altar mayor no logra evitar que continúe esa sensación de sobriedad. No reclaman nada, pero en la Historia consta que fueron ellos, los franciscanos, quienes trajeron de América la planta de los afamados pimientos.
Las horas de atención en la portería son de nueve a una, y de cuatro y media a ocho y media.
Iglesia de Santiago

La iglesia de Santiago de Padrón, de austero neoclasicismo, guarda testimonios de los templos precedentes, una inscripción de tiempos de Gelmírez, patrocinador de la iglesia románica, y un púlpito gótico, con la imagen de Santiago Peregrino, perteneciente a la iglesia del siglo XV que mandó construir el arzobispo Lope de Mendoza.
Estos templos medievales, vencidos por el paso del tiempo, ya guardaban en su presbiterio la pieza más jacobea de la villa: el Pedrón, interpretada como ara romana dedicada a Neptuno y en la cual, según la Tradición, se amarró la Barca de Pedra que había transportado el cuerpo del Apóstol y a sus dos discípulos Teodoro y Atanasio.
En la Alta Edad Media se usó el Pedrón como base del ara de altar de la primitiva iglesia dedicada a Santiago, levantada por el obispo Teodomiro en el siglo IX.
Iglesia de S. María de Herbón

“A unha carreiriña dun can” (o sea, un pequeño paseo) se alza la iglesia de Santa María. Dirigirse a ella es toda una experiencia, pues la estrecha pista discurre en buena parte bajo parras, por lo que a veces se tiene la sensación de estar invadiendo casas privadas. Pero no hay de que preocuparse: nadie le dirá nada, excepto para echarle una mano en la orientación si fuese menester.
Y, de repente, la pista se anchea y el campo visual con ella. En lo alto aparece el templo parroquial, con una excelente fachada románica en la que destaca la ornamentación que enmarca la puerta, donde resaltan las columnas acodilladas (tres por cada lado). Un ábside con canecillos y una segunda puerta -ésta lateral- son las otras partes más notables del edificio.
Pero, por muchas indicaciones y consejos que se den, la mejor manera de conocer Padrón es descubrirlo por uno mismo. Y si siempre es difícil definir un pueblo, hay un pequeño detalle que no pasa inadvertido y que lo dice todo: en Padrón, tanto en las aldeas como en la capital municipal, las bolsas con el pan se dejan colgadas en las puertas de las casas, que, además, no suelen estar cerradas. Y no pasa nada.
Colegiata de Iria Flavia ( O Santa María de Adina)

Entre Cruces y Padrón la parada casi obligada es Iria Flavia, conocida igualmente como Santa Maria de Adina y en donde, cuando los romanos imponían su ley, confluían un total de siete vías.
Ahí sí que son palabras mayores, porque se trata de una de las iglesias más antiguas de Galicia. Antigua Sede Episcopal y primer templo mariano del mundo. Vespasiano (Tito Flavio), emperador romano elevó a Iria a la consideración de municipio y a partir de entonces se le llamó Flavia. San Agatadoro, fue el primero en ocupar la silla episcopal, en el año 40 de nuestra Era.
Teodomiro, Obispo de Iria, con todo su séquito de canónigos, fue el que descubrió el sepulcro de Santiago el Mayor un 25 de Julio del año 813., de ahí la gran importancia en la tradición jacobea. Despues del descubrimiento de las reliquias del Apóstol Santiago la importancia de Iria-Flavia pasó a Santiago que crecía con la misma rapidez que este cabildo iriense declinaba pero actualmente sigue siendo un lugar de culto en la tradición jacobea.

El Pedrón, las Peñas y la Iglesia de Iria, son los tres pilares de la cuna jacobea, siendo de esta manera que el mito de Santiago nació en Padrón.
Iria Flavia no impresiona tanto por su edificio -aunque sí llaman la atención las torres escalonadas- como por su historia: en dicha Iglesia se encuentran enterrados 28 Obispos Santos ya que los alrededores fueron desde siempre cementerio (y donde, actualmente, los arqueólogos se encargaron de sacar a la luz una buena relación de sarcófagos antropomorfos y otra serie de objetos). En el cementerio de Santa Maria de Adina pidió y fue enterrada la gran poetisa Rosalía de Castro hoy en el Panteón de Gallegos Ilustres, en Santiago de Compostela.
El primer templo fue levantado paralelamente a la introducción del cristianismo, y a finales del siglo X Almanzor lo redujo a cenizas.
El arzobispo Gelmírez, en el siglo XII, ordenó la reconstrucción del edificio, que hace más de dos siglos y medio sufrió una muy completa remodelación.
Hoy, en el interior, vidrieras, la capilla del Obispo de Quito y los sepulcros de obispos irienses detienen la mirada, como sucede con el timpano -representando la Adoración de los Reyes- en el exterior.
Santuario de la Esclavitud

Pero Padrón no es sólo el casco urbano. Lo sabe bien quien procede del norte por la carretera Nacional 550, que de repente se ha encontrado a la izquierda con un templo al cual el primer calificativo que le aplica es el de alto.
Porque, en efecto, el santuario de A Escravitude da una sensación de altura. No tenga prisa en acceder al templo, porque entonces se olvidará de la fuente —a ras de asfalto— en la que en el siglo XVIII un enfermo que se dirigía a Santiago de Compostela para obtener curación a su hidropesía bebió y se curó 72 horas después sin intervención de médico alguno.
Gozoso, exclamó: “Gracias, Virxe, que me libraches da escravitude do meu mal”. Ése, dice la leyenda confundida con la Historia, fue el origen del santuario, que se comenzó a levantar gracias al carro de bueyes que el afortunado con los favores divinos (un labrador de la comarca pontevedresa de O Salnés) donó para levantar el edificio.
En la centuria siguiente se terminaba la segunda de sus torres, poniendo fin así a un proceso histórico que había comenzado mucho antes, cuando acababa el siglo XVI y el párroco de Cruces había colocado sobre la fuente una imagen de la Virgen con el Niño en agradecimiento por uno de los favores que había recibido de Ella.
Ermita de Santiaguiño del Monte

Las 132 escaleras que conducen al Santiaguiño del Monte nacen al otro lado del edificio dónde nació Nicasio Pajares. Cierto es que si se elige otra vía es posible ir en coche, dejando a la izquierda un crucero y pasando por un colegio público que lleva por nombre -¡como no!- "Rosalía de Castro", pero lo auténtico es ascender a pie, sobre todo toda vez que la distancia es corta. Aporta, un área recreativa -mesas, barbacoas, fuentes, un pequeño cubierto- se ofrece como el marco para el descanso, vecina de la capilla con tres puertas (la principal no está en la fachada, sino en un lateral) que muestra un interior de sobriedad espartana dónde destaca una imagen del Apóstol.
Cruceiro de Fondo da Vila

Al final del paseo arbolado, uno va a encontrarse en una plazuela en la que se alza un crucero catalogado como plateresco: es el crucero de Fondo da Vila, que por un lado muestra al Crucificado y por el otro, el Descendimiento; las esquinas de su base toman forma de cuatro calaveras.
Ese ejemplar del arte popular gallego estaba hasta principios de siglo en O Espolón, y en su día fue elogiado por Alfonso Daniel Rodríguez Castelao, uno de los pro hombres gallegos del siglo XX, que dijo que aquél marcaba el paso al barroco. Data del siglo XV y fue donación de Juan Loreda.








